El mester de cortesía

Poesía medieval culta: la nobleza


 Después del mester de juglaría y el de clerecía, la nobleza se suma a la tarea literaria desde una vertiente culta, pues también ellos recibían estudios, instruidos por los clérigos. El hecho de que sean los últimos en sumarse a la escritura literaria se debe a que los nobles se dedicaban casi exclusivamente a guerrear y gobernar pero, a medida que se consolida el territorio cristiano frente al musulmán (en 1492 conquistan Granada y finaliza el reino árabe en la península), cada vez resulta menos necesario combatir y por eso ganan tiempo para estudiar, reflexionar, leer y escribir. A estos autores se les ha dado el nombre de «mester de cortesía», ya que viven en la corte.

En el siglo XV, comienzan a componer poesía lírica, que se clasifica principalmente en dos corrientes:
  • la poesía cancioneril: de tema amoroso; cultivan el tópico del amor cortés, en el que el enamorado es vasallo de la amada, que es divina y angelical, como un calco de la relación feudal entre súbdito y señor; estos poemas anónimos se recopilan en cancioneros, que imitan la poesía popular pero la enriquecen.
  • la poesía alegórica: aborda temas filosóficos para reflexionar (la vida, la muerte, el cuerpo y el alma, la fortuna, etc.), pero para que resulte más sencillo recurren a alegorías.

Jorge Manrique

Enlace a la obra completa: Coplas por la muerte de su padre

Vivió ca. 1440-1479, siendo descendiente de una noble y poderosa familia: su padre, Rodrigo Manrique, fue conde de Paredes de Nava y maestre de la Orden de Santiago; además de otros familiares destacables en las armas y en las letras. La obra poética de Jorge Manrique es poco numerosa y está mayormente constituida por poemas convencionales para la época: temática amorosa, género cancioneril, influencia provenzal (la lengua occitana era, por aquel entonces, la más usada para componer poesía y, por tanto, un ejemplo a seguir para las demás), de ingenio retórico y empleo de alegorías.

No obstante, despuntan en la literatura medieval sus incomparables Coplas a la muerte del maestre don Rodrigo o Coplas por la muerte de su padre. Se trata de una elegía, es decir: una composición lírica en la que se lamenta la muerte de una persona, en este caso, su padre Rodrigo. Pero el poeta va más allá del simple lamento y combina el dolor más sincero con reflexiones muy profundas sobre la vida, la muerte y la fama (que, en cierto modo, derivan de la poesía alegórica de la época).

Este género de poema fúnebre estaba en boga por aquel entonces (recuérdese la parodia de Juan Ruiz al dedicárselo a su trotaconventos) y se basa en el tópico cristiano del contemptu mundi: «desprecio del mundo», ya que la vida solo es un valle de lágrimas cuyo sufrimiento debe prepararnos para el paraíso celestial, tras la muerte («Este mundo es el camino / para el otro, qu'es morada / sin pesar»). Pero, a partir de esta época, empiezan a surgir nuevas perspectivas, como ya se veía en el Libro de buen amor, por lo que la vida ya no se ve solo como una etapa de sufrimiento y de resistencia ante el pecado, sino también como una oportunidad para realizar buenas obras que conduzcan a la salvación del alma. Dentro de esta línea se sitúan las Coplas manriqueñas, pues elogian la vida de Rodrigo Manrique por sus buenas acciones, su lucha contra los infieles (la guerra santa y matar por la religión se consideran vías directas de ascenso al cielo) y su conducta ejemplar. Estas se dividen en tres partes:

     I. Vida terrenal (estrofas I-XIII). Pide al público que reflexione sobre la muerte, la caducidad de la vida y la fugacidad del tiempo, así que predomina el tópico del tempus fugit: «Pues si vemos lo presente / cómo en un punto se es ido / y acabado, / si juzgamos sabiamente, / daremos lo no venido / por pasado».

     II. Vida de la fama (estrofas XIV-XXIV). Ofrece ejemplos de su reflexión anterior a través de personajes históricos y de algunos contemporáneos a su padre, todos ellos unidos por el tópico del ubi sunt («¿dónde están?»), que consiste en preguntarse adónde han ido a parar esas vidas tan gloriosas para entender que todo en este mundo es fugaz y desaparece, salvo el alma: «¿Qué se hicieron las damas, / sus tocados y vestidos, / sus olores? / ¿Qué se hicieron las llamas / de los fuegos encendidos / de amadores?».

   III. Vida eterna (estrofas XXV-XL). Al fin llega a la figura de su padre, don Rodrigo, al que retrata desde su actitud moral y sus hazañas, para concluir describiendo la escena de su muerte, que aparece personificada: «en la su villa de Ocaña / vino la Muerte a llamar / a su puerta // diciendo: -"Buen caballero / dejad el mundo engañoso / y su halago [...]"».

Asimismo, aparecen otros tópicos e imágenes que enriquecen este poema y lo aproximan a un público más amplio, no solo culto. Y las estrofas que emplea son coplas de pie quebrado, también llamadas coplas manriqueñas en honor a este poema, y consisten en sextillas de rima consonante con el esquema 8a, 8b, 4c, 8a, 8b, 4c. Son de pie quebrado porque cada tres versos hay uno que mide la mitad, una variación de ritmo que impide la monotonía y produce momentos de mayor intensidad. Por todo ello, se considera que este poema moral de Jorge Manrique persigue tres propósitos:

1) Conmover a través del duelo, el dolor y la pena por el padre fallecido
2) Difundir el pensamiento cristiano sobre la muerte, ahora desde esta nueva perspectiva menos penitencial
3) Convencer de que su padre llevó una vida ejemplar, que es digno de seguir para obtener la recompensa eterna del paraíso celestial



Aquí os dejo, para finalizar, la versión cantada y musicalizada por Paco Ibáñez:


























































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