Ejercicios de textos narrativos
Ejercicios de textos narrativos
En la
siguiente tabla, apunta toda la información que obtengas sobre estos relatos:
Narrador
|
Personajes
|
Tiempo
|
Espacio
|
|
Texto 1
|
||||
Texto 2
|
||||
Texto 3
|
||||
Texto 4
|
||||
Texto 5
|
||||
Texto 6
|
1) La advertencia,
anónimo indio
El gurú
y el discípulo estaban debatiendo sobre cuestiones místicas. El maestro
concluyó con la entrevista diciéndole:
-Todo lo
que existe es Dios.
El
discípulo no entendió la verdadera naturaleza de las palabras de su mentor.
Salió de la casa y comenzó a caminar por una callejuela. De súbito, vio frente
a él un elefante que venía en dirección contraria, ocupando toda la calle. El
jovencito que conducía al animal gritó avisando:
-¡Eh,
oiga, apártese, déjenos pasar!
Pero el
discípulo, inmutable, se dijo: «Yo soy Dios y el elefante es Dios, así que
¿cómo puede tener miedo Dios de sí mismo?».
Razonando
de este modo evitó apartarse. El elefante llegó hasta él, lo agarró con la
trompa y lo lanzó al tejado de una casa, rompiéndole varios huesos.
Semanas
después, repuesto de sus heridas, el discípulo acudió al mentor y se lamentó de
lo sucedido. El gurú replicó:
-De
acuerdo, tú eres Dios y el elefante es Dios. Pero Dios, en la forma del
muchacho que conducía el elefante, te avisó para que dejaras el paso libre.
¿Por qué no hiciste caso de la advertencia de Dios?
2) Los bomberos, Mario Benedetti
Olegario
no solo fue un as del presentimiento, sino que además siempre estuvo muy
orgulloso de su poder. A veces se quedaba absorto por un instante, y luego
decía: «Mañana va a llover». Y llovía. Otras veces se rascaba la nuca y
anunciaba: «El martes saldrá el 57 a la cabeza». Y el martes salía el 57 a la
cabeza. Entre sus amigos gozaba de una admiración sin límites.
Algunos
de ellos recuerdan el más famoso de sus aciertos. Caminaban con él frente a la
Universidad, cuando de pronto el aire matutino fue atravesado por el sonido y
la furia de los bomberos. Olegario sonrió de modo casi imperceptible, y dijo: «Es
posible que mi casa se esté quemando».
Llamaron
un taxi y encargaron al chofer que siguiera de cerca a los bomberos. Estos
tomaron por Rivera, y Olegario dijo: «Es casi seguro que mi casa se esté
quemando». Los amigos guardaron un respetuoso y afable silencio; tanto lo
admiraban.
Los
bomberos siguieron por Pereyra y la nerviosidad llegó a su colmo. Cuando
doblaron por la calle en que vivía Olegario, los amigos se pusieron tiesos de
expectativa. Por fin, frente mismo a la llameante casa de Olegario, el carro de
bomberos se detuvo y los hombres comenzaron rápida y serenamente los
preparativos de rigor. De vez en cuando, desde las ventanas de la planta alta,
alguna astilla volaba por los aires.
Con toda
parsimonia, Olegario bajó del taxi. Se acomodó el nudo de la corbata, y luego,
con un aire de humilde vencedor, se aprestó a recibir las felicitaciones y los
abrazos de sus buenos amigos.
3) Un feliz regreso, Francisco
Corrales Fernández
A las
cuatro en punto sus manos fueron liberando el cuello de la mujer. Luego le abrochó
la blusa roja aún manchada de barro, mientras ella abría sus mortecinos ojos. Después
la cogió de los brazos y la arrastró por un lodazal, insensible a sus
agonizantes súplicas, hasta alcanzar el taxi. Tras un blando forcejeo, a las
cuatro menos cuarto la introducía en el maletero y arrancaba el coche. A las
tres y media se detenían a la entrada de un camino. Antes de cambiarla al
asiento trasero, el taxista la golpeó con saña en la cabeza. A las tres y
cuarto llegaban a la ciudad. Poco a poco la mujer recuperaba la calma y la
pulcritud de su aspecto físico. A las tres el taxi se paraba ante la verja de
una casa y la mujer descendía del coche con una sonrisa nerviosa pero no exenta
de cortesía. A las tres menos cuarto se ponía su blusa roja y a las dos y media
telefoneaba a su marido. Ahora mismo iba a verlo a la fábrica, acababa de
recibir una inquietante llamada y tenía miedo. A las dos y cuarto una voz
anónima le comunicaba que con toda seguridad a las cuatro en punto estaría
muerta.
4) Árboles viejos, José
Santos Chocano
Hasta el
árbol tronchado en el camino,
sin
hojas y sin frutos y sin flores,
puede
prestar asiento a los pastores
y un
báculo ofrecer al peregrino.
Así el
anciano, de experiencia y de tino
consejos
da que evitan sinsabores:
y sin
savia ni aromas ni colores,
cumple
su ley y tiene su destino…
¡Oh
labrador! Escucha mi consejo;
te debes
resistir cual me resisto
a cortar
ramas aunque estén desnudas;
Porque
puede salir de un árbol viejo
quizá la
cruz en que sucumba un Cristo,
quizá la
rama en que se cuelgue un Judas.
5) Sueño de la mariposa, Chuang
Tzu
Chuang Tzu soñó que era una
mariposa. Al despertar ignoraba si era Tzu que había soñado que era una
mariposa o si era una mariposa y estaba soñando que era Tzu.
6) El canario, Jules Renard
¿Por qué
se me ocurriría comprar este pájaro? El pajarero me dijo: «Es un macho. Espere
una semana para que se adapte, y cantará». Pero el pájaro se obstina en
permanecer callado y lo hace todo al revés. Tan pronto como lleno su comedero,
saca los granos con el pico y los lanza a los cuatro vientos. Ato con una
cuerda una galleta entre dos barrotes de la jaula. Solo picotea la cuerda.
Empuja y golpea la galleta como con un martillo y esta termina por caerse. Se
baña en el agua limpia del bebedero y bebe en su bañera. Y defeca
indiferentemente en los dos. Debe imaginar que el pastelito es una pasta con la
que los pájaros de su especie construyen los nidos y, nada más verlo, se
acurruca en él. No ha comprendido aún para qué sirven las hojas de lechuga y
solo disfruta haciéndolas añicos. Cuando se le ocurre coger un grano, le cuesta
un mundo tragárselo. Lo pasea de un lado al otro del pico, lo aprieta, lo
aplasta, y mueve la cabeza como si se tratara de un viejito sin dientes. El
terrón de azúcar no le sirve. ¿Es una piedra que sobresale, un balcón, una mesa
poco práctica? Prefiere las barras de madera. Tiene dos que se superponen y se
cruzan. Me aburre verlo saltar. Se asemeja a la estupidez mecánica de un
péndulo que no marca nada. ¿Qué placer obtiene saltando así? ¿Qué necesidad le
hace saltar? Si descansa de una aburrida gimnasia agarrado con una pata a la
barra que parece estrangular, con la otra busca instintivamente la misma barra.
Tan pronto
como se enciende la estufa con la llegada del invierno, cree que es primavera,
época de su muda, y se despoja de todas las plumas. La luz de mi lámpara
perturba sus noches, desorganiza sus horas de sueño. Se acuesta al atardecer.
Dejo que la oscuridad lo envuelva. ¿Sueña quizá? Bruscamente, acerco la lámpara
a la jaula. Abre los ojos. ¡Cómo! ¿Ya es de día? Y, rápidamente, comienza de
nuevo a agitarse, a bailar, a agujerear una hoja, abre la cola en abanico,
despliega las alas. Apago la lámpara y lamento no poder ver su cara
estupefacta.
Pronto
me canso de este pájaro mudo que solo vive al revés y lo suelto por la ventana…
No sabe gozar de la libertad como no sabe vivir en una jaula. Alguien va a
cogerlo fácilmente con la mano. ¡Pero que no se le ocurra devolvérmelo! No solo
no ofrezco ninguna recompensa por él, sino que juraré que no conozco a ese
pájaro.
Comentaris
Publica un comentari a l'entrada