Prosa de los Siglos de Oro: Don Quijote
Prosa de los Siglos de Oro: Don Quijote
Miguel
de Cervantes (1547-1616)
En
el apartado del Lazarillo vimos que existían dos vertientes narrativas:
la realista y la idealista. Como escritor con cierto renombre, Cervantes compuso
novelas de casi todos los géneros de su época:
- novela pastoril (La Galatea, 1585)
- novela morisca (Historia del cautivo, inserta dentro de la 1.ª parte del Quijote, 1605)
- novela corta italiana (Novelas ejemplares, 1613)
- novela picaresca (Rinconete y Cortadillo, El coloquio de los perros, etc., dentro de sus Novelas ejemplares, 1613)
- novela bizantina (Los trabajos de Persiles y Sigismunda, 1617)
Aunque
su objetivo era convertirse en autor dramático (un sueño que frustró Lope de
Vega, genio indiscutible del teatro), Cervantes experimentó con la narrativa
y la llevó más allá de cualquier género conocido, razón por la cual aun hoy en
día se considera que el Quijote constituye una de las mejores obras
literarias. Pero, antes, conviene que repasemos rápidamente la biografía
de Cervantes en este breve cómic que adapta su famoso entremés El
retablo de las maravillas al tiempo que esboza rasgos de su vida.
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Miguel de Cervantes Saavedra |
Don
Quijote de la Mancha (1ª parte: 1605, 2.ª parte: 1615)
Enlace a la obra completa: Don Quijote de la Mancha
1)
Estructura: Cervantes publicó en 1605 El ingenioso hidalgo don Quijote de la
Mancha, que se divide en 4 partes y 52 capítulos. En la 1ª de estas partes se
narra la primera salida de don Quijote en busca de aventuras y se cree que esta
constituía, en principio, una de sus Novelas ejemplares, pero al escritor
le gustó tanto que acabó extendiéndola hasta abarcar un libro entero. Así,
la historia continúa con una segunda salida del hidalgo, esta vez en compañía
de Sancho Panza, y que abarca las tres partes restantes del primer libro, donde
concluye su andanza. La obra tuvo un enorme éxito pero no se consideraba una
lectura de culto sino como mero pasatiempo. En 1614, aparece la continuación
pero apócrifa, pues está escrita por otro autor, que se hace llamar Alonso
Fernández de Avellaneda, aunque quizá sea un nombre falso. Este segundo libro
no poseía la calidad del primero y, además, no era coherente con el estilo de
Cervantes. Este, indignado por dicha publicación, se dio prisa en acabar su
continuación (que llevaba tiempo en proceso) y, un año más tarde, publicó la
segunda parte auténtica: Segunda parte del ingenioso caballero don Quijote
de la Mancha (1615), donde narra la tercera y última salida de don Quijote. Esta obra no solo respeta a la primera sino que la mejora y depura
en muchos aspectos. Se dice que el Quijote es una obra bisagra entre dos corrientes literarias: su 1.ª parte es más renacentista, pero la 2.ª es puramente barroca.
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Segunda parte (1615) |
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Primera parte (1605) |
2)
Intención: Cervantes deja muy
claro su propósito en el prólogo de la 1.ª parte: «todo él es una invectiva
contra los libros de caballerías», es decir, una parodia crítica. Es
parodia porque se burla de dichas historias al insertarlas en un contexto real
y poco apropiado (los campos de La Mancha) para sus maravillosas aventuras, y
es crítica ya que pone de relieve que estas lecturas no tienen ningún parecido
con la realidad y que, por tanto, solo sirven para llenar la cabeza con locuras
y falsedades, razón por la cual enloquece el protagonista, Alonso Quijano.
Pero, aparte, también le sirve a su autor para experimentar numerosas técnicas
narrativas que veremos más adelante.
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Don Quijote pretende ser caballero sin éxito |
3)
Argumento:
3.1)
Primera parte: Tras el prólogo, la 1.ª parte comienza contándonos que un
hidalgo de casi cincuenta años de nombre incierto comienza a leer tantos libros
de caballerías (Amadís de Gaula, Las sergas de Esplandián, Orlando
furioso...) que se le secan los sesos y confunde la realidad con la
ficción, creyéndose que tales historias realmente ocurrieron. En consecuencia,
decide autoproclamarse caballero andante: se bautiza como don Quijote,
desempolva la armadura oxidada de sus bisabuelos, toma a una mujer inexistente
como amada (Dulcinea del Toboso) y, a lomos de un caballo esquelético al que
llama Rocinante, parte en busca de aventuras. Como no ha sido oficialmente
armado caballero por ningún noble, su imaginación convierte una venta (posada) en
un castillo donde celebrar tal ceremonia, pero todo acaba de forma estrepitosa
y, al final, regresa apaleado a su aldea. Allí, su sobrina y el ama de casa
junto al cura y el barbero, sus amigos, queman todos sus libros para que no
enloquezca más y le cuentan al hidalgo que ha sido obra de un mago enemigo
suyo. Don Quijote consigue escaparse una segunda vez pero, en esta ocasión,
convencer a un labrador de su pueblo, Sancho Panza, para que sea su escudero a
cambio de ganarle una ínsula (irónicamente, Sancho acepta sin saber que eso es
una isla). Y, a partir de entonces, se dedican a vivir aventuras tragicómicas
de las que suelen salir mal parados, aunque su intención es buena ya que pretenden
«desfacer agravios y enderezar entuertos», ayudando a los desfavorecidos. La imaginación
del hidalgo le hace ver gigantes donde hay molinos, damiselas en vez de
prostitutas, ejércitos donde hay rebaños, yelmos mágicos en lugar de bacías...
Finalmente, el cura y el barbero traman un plan para convencerlo de que ha sido
encantado y lo devuelven enjaulado a su aldea para que se recupere. En el
epílogo, a imitación de los libros de caballerías, Cervantes parodia varios
epitafios en honor de don Quijote, pero promete una tercera salida del hidalgo.
3.2)
Segunda parte: ya desde el título se nos indica que don Quijote ya no es solo
hidalgo sino caballero, porque en esta segunda parte él apenas sufre alucinaciones,
sino que son las demás personas quienes lo introducen en este juego de fingir
ser otros (muy acorde con la mentalidad barroca). En el prólogo, Cervantes se
defiende de los ataques que le lanzó Avellaneda en su Quijote apócrifo y
explica que aquel no respetó en absoluto su obra. La historia comienza cuando Alonso
Quijano, cuyo nombre fue revelado al final del 1er libro, descubre
que circula por ahí una novela que narra sus aventuras y las de Sancho; por
tanto, es famoso en todo el reino y la gente ya conoce su locura. Este giro
metaliterario (introducir el relato dentro del propio relato) enriquece muchísimo
esta 2.ª parte y le sirve a Cervantes para corregir los errores de la 1.ª (pone
en boca de don Quijote que son culpa del editor y no del autor) y para darle mayor
profundidad al trastorno del hidalgo. Aparece un bachiller llamado Sansón
Carrasco que, aunque admira a don Quijote, hará todo lo posible para devolverle
la cordura y lo intenta metiéndose en su locura: en dos ocasiones se disfraza
de caballero y lo reta a un duelo, pero solo triunfa en la última, al final del
libro, y así consigue que vuelva a la aldea. Todo ello ocurre a lo largo de la
3.ª y última salida de don Quijote y Sancho. El primero destino es el Toboso,
pues don Quijote desea visitar a su amada y preguntarle si recibió la carta de
amor que Sancho supuestamente le entregó en la 1.ª parte (no lo hizo porque ella
no existe realmente y porque el cura y el barbero le obligaron a enjaular a su
amo). Esto pone un aprieto al escudero, ya que fingió entregarla, así que se le
ocurre engañar al hidalgo y decirle que una labradora que allí hay es Dulcinea,
que ha sido encantada por un brujo. Casi toda la trama de este 2.º libro se
basa en el intento, siempre frustrado, de don Quijote por desencantar a su
amada, lo que representa metafóricamente su incapacidad para hacer realidad
todas sus fantasías caballerescas y el deseo del ser humano por cumplir sus
sueños. En estas nuevas aventuras ya no imaginarán nada sino que ahora el mundo
parece un teatro pensado para ellos: se topan con unos actores disfrazados que
les toman el pelo, Sansón Carrasco se hace pasar por caballero dos veces, descienden
a la cueva de Montesinos donde don Quijote tiene unas visiones (quizá solo
fueran sueños), un titiritero representa una obra de caballerías con sus marionetas
(y resulta ser uno de los galeotes que el hidalgo liberó en la 1.ª parte)... y
la más alocada de todas: unos duques acogen a amo y escudero en su castillo y, como
han leído la historia de Don Quijote, les preparan todo tipo de situaciones
caballerescas e incluso fingen convertir a Sancho en gobernador de una «ínsula»
(que no lo es realmente), por lo que ambos protagonistas ven cumplidos sus
sueños y, sin embargo, acaban marchándose al percatarse de que no es ese el
mundo que desean. Finalmente, la obra concluye en la metrópolis Barcelona, que por
sí misma ya los cautiva como una ciudad maravillosa, y en cuya playa el caballero
será derrotado a manos de Sansón Carrasco, quien le hace prometer que regresará
a su aldea y que Dulcinea no es la más bella, pero don Quijote se niega a
aceptar esto último. Ya de vuelta a casa, Alonso Quijano el Bueno (así dice
llamarse) recobra la cordura y enferma progresivamente. Sancho intenta animarlo
prometiendo una futura aventura como pastorcillos, pero Alonso ya está
completamente recuperado y prefiere morir tranquilamente en el lecho, como todo
buen cristiano.
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Don Quijote es derrotado en la playa de Barcino |
4)
Aportaciones a la literatura:
como ya se dijo, esta obra es considerada como una de las mejores de la
historia, no solo porque es muy entretenida sino porque introdujo una serie de
novedades que, con el paso de los siglos, acabarían convirtiéndose en las
principales características de la novela moderna, tal como la conocemos hoy en
día.
4.1)
La importancia del lector: de forma similar al Libro de buen amor, el Quijote
exige un público que esté atento y sea crítico con la historia y sus
personajes. Las primeras palabras del 1.er prólogo son «Desocupado
lector» y vemos que el narrador apela constantemente a él para que perdone sus
errores. Esto se debe a que, aunque don Quijote nos resulte simpático, no es
modelo de conducta ya que se guía por su locura, incluso si su objetivo es
hacer el bien. Cervantes sabe que el lector no solo es quien paga sino quien
tiene la última palabra y será quien le dé o le quite la fama. Sobre él recae
creer si don Quijote tiene visiones o son encantamientos, si Dulcinea existe o solo
en su cabeza, si realmente esta historia sucedió o si Cervantes nos toma el
pelo. En la 2.ª parte, los lectores se convierten en personajes de la historia,
pues muchos de los que aparecen han leído la 1.ª parte del Quijote e,
incluso, la 2.ª parte del apócrifo de Avellaneda.
4.2)
El narrador fraudulento: el papel del lector también es importante porque el
narrador nos dice que esta novela está copiada de una crónica (por tanto, finge
que es histórica y que sucedió de verdad) que halló en unos pergaminos antiguos.
Esto se conoce como el tópico del manuscrito encontrado y sirve para dar mayor
credibilidad a la ficción pero, en este caso, es contradictorio porque este
narrador dice que tales papeles estaban en árabe, escritos por el historiador
Cide Hamete Benengeli (inventado por Cervantes) y que, como es musulmán, no
podemos fiarnos de todo, ni tampoco de su traductor, también árabe. El propio narrador nos advierte de no fiarnos: «Si
a esta [historia] se le puede poner alguna objeción cerca de su verdad, no
podrá ser otra sino haber sido su autor arábigo, siendo muy propio de los de
aquella nación ser mentirosos». Además, no
hay un solo narrador sino múltiples, lo que se conoce como polifonía, por lo que la credibilidad queda dividida
y fragmentada:
1. Autor
real: Miguel de Cervantes.
2. Autor
«implícito» textualizado de forma discreta o discontinua en:
a)
Autor primero: Anónimo (Caps. 1-8).
b)
Cronista: Cide Hamete Benengeli (Cap. 9 en adelante).
c)
Traductor: Morisco aljamiado.
d)
Poetas: Académicos de Argamasilla.
e)
Narrador: Voz textual anónima, que organiza, prologa y edita el texto completo.
4.3)
El juego de espejos: Cervantes emplea varias técnicas de contraste, para que
observemos las diferencias entre el mundo de las caballerías, que parodia y
critica, y el de la realidad. Para empezar, toda la obra es un espejo que
deforma las novelas de vertiente idealista (caballerías, moriscas, pastoriles...
¡incluso la picaresca, que es de la realista!) precisamente para señalar que no
son verosímiles ni creíbles. Cuando don Quijote se enfrenta a un león en la 2.ª
parte y este no se mueve un ápice porque tiene sueño, se está parodiando la
escena del Cid contra el león y pone de relieve la falsedad de un
acontecimiento así. En segundo lugar, el hidalgo se encuentra con caballeros de
verdad, como el noble don Diego de Miranda, que sí es un ejemplo de virtud y cordura, un
ejemplo a seguir; pero, por otro lado, también se menciona (aunque no aparece)
que existe otro don Quijote y otro Sancho, los de Avellaneda: ¡sus dobles falsos!
Y, esta vez, todos admiten que el don Quijote cervantino es el verdadero, más
digno que el otro. Por otro lado, se emplea muchas veces la simetría, pero este
recurso sirve para mostrar cómo los personajes evolucionan. Cada uno de los dos
libros es simétrico consigo mismo: ambos empiezan con la salida y acaban con la
llegada a la aldea, y los episodios que son similares se reflejan como en un espejo
(cerca de la mitad de la 2.ª parte, don Quijote desciende a la cueva y ve el
fracaso de su misión; poco después de la mitad de este mismo libro, Sancho cae
en un agujero, después de haber fracasado como gobernador). Pero también la 1ª
parte es simétrica de la 2.ª: la subida a Sierra Morena en el primer libro
coincide con el descenso a la cueva de la segunda.
4.4)
Personajes redondos: desde La Celestina y el Lazarillo, la
literatura española aportó varios de los personajes más complejos de la
literatura, pues poseen muchos matices y facetas, pero además evolucionan a lo
largo del argumento. Cervantes va un paso más allá y nos ofrece una complejidad
sin precedentes: don Quijote y Sancho reflexionan sobre la realidad, sobre sí
mismos, sobre cómo son (se comparan con el Quijote y el Sancho apócrifos) y, lo
más importante: se retroalimentan. Este proceso, conocido como sanchificación
de Quijote y quijotización de Sancho, muestra que la amistad de ambos acaba
por traspasar rasgos de uno a otro: Sancho, que es muy tosco hablando, mejora y
enriquece su vocabulario de tal modo que hasta su esposa se sorprende; más
tarde, cumple su sueño de convertirse en gobernador de la ínsula; en la 2.ª
parte, es él quien engaña a su amo y no al revés (para mantener la mentira del
encantamiento de Dulcinea); e incluso es él quien provoca a su señor para
partir en una 3.ª y 4.ª salidas, aunque esta última no llegue a realizarse. En
cambio, don Quijote se va volviendo más pasivo y menos protagonista, y llega a
imitar el abuso de los refranes de su escudero. Este efecto otorga más realidad
y profundidad a la historia, al tiempo que sirve para crear escenas hilarantes.
4.5)
Un realismo más realista: ya se ha dicho que sus personajes son más realistas incluso que los de las novelas realistas, pues poseen mucha profundidad, pero Cervantes
también logra mayor realismo al introducir su propia novela dentro de la 2.ª
parte y mencionando hechos históricos (la expulsión de los moriscos, la guerra
de Flandes, la batalla de Lepanto en la que Cervantes perdió la movilidad del
brazo..., e incluso aparece como personaje el bandolero Roque Guinart). Por
otro lado, el contraste y la parodia respecto a las novelas idealistas provoca que
esta obra resalte como más creíble frente a aquellas. Por último, la poca
credibilidad de los narradores nos hace pensar que las partes menos verosímiles
de la novela se deben a que aquellos pueden haber tergiversado la historia
original (aunque esta nunca haya existido).
4.6)
Metaliteratura e intertextualidad: una novedad prácticamente sin
precedentes es la metaliteratura, ya mencionada, y que consiste en introducir
referencias de una obra dentro de ella misma. Por ejemplo, el hecho de que don
Quijote y Sancho reflexionen sobre su propia condición de personajes, que
critiquen la forma de escribir de la 1.ª parte, que aparezca un personaje del Quijote
apócrifo (si Avellaneda pudo robarle sus personajes, Cervantes también) para
admitir que el cervantino es el único verdadero... Esto se relaciona con la intertextualidad,
que es la conexión o referencia a otras obras. Al ser una parodia, casi todos sus
episodios contienen alusiones a otros textos, normalmente de carácter idealista:
por ejemplo, don Quijote se somete a penitencia amorosa en Sierra Morena porque
quiere imitar al caballero Orlando, que es un personaje de ficción. Cuando el
barbero y el cura queman la biblioteca del hidalgo, realizan también una
crítica literaria de varios libros de la época, ¡incluidas obras del propio Cervantes!
4.7)
Un nuevo género: como ya se mencionó, suele decirse que el Quijote
inauguró la novela moderna. A diferencia de las «novelas» que se
escribían en esta época (narraciones breves, como las Novelas ejemplares
del propio Cervantes), esta obra marca las características de la novela actual:
es un género que mezcla diferentes tipos de textos y «da lugar a que el
autor pueda mostrarse épico, lírico, trágico, cómico» (como dice el propio cura
del Quijote); mezcla lenguaje culto y popular, sobre todo en las
conversaciones entre amo y escudero, pero también la temática y las referencias
apelan tanto a un público elevado como a uno más coloquial; aunque se narran
muchos acontecimientos, el diálogo tiene una importancia primordial,
porque más importa la psicología de los personajes y no tanto lo que sucede
sino cómo lo perciben ellos; los personajes son redondos y no
planos; y hay una trama principal, que es la del hidalgo, pero también
se introducen pequeñas subtramas (en la 1.ª parte, son relatos que
cuentan los personajes y que no tienen nada que ver con la trama pero, en la
2.ª, Cervantes aprende de la crítica y hace que sus protagonistas participen de
las subtramas).
4.8)
La voz del desfavorecido: a lo largo de sendos libros, Cervantes aprovecha la técnica del diálogo para dejar hablar a los más discriminados por la sociedad. En los capítulos XII a XIV, unos pastores narran que el estudiante Grisóstomo ha muerto de amores por culpa de la pastora Marcela, ya que ella lo rechazó, y comienzan a criticarla por ser tan amable con todos pero no aceptar ningún amante. Entonces irrumpe la pastora en el funeral de Grisóstomo y declara que «tengo libre condición, y no gusto de sujetarme», reclamando así un derecho y una libertad vetados para las mujeres de entonces. Otro caso, el de los capítulos LIV y LXIII-LXV, nos presenta a Ricote, un musulmán que fue convecino de Sancho Panza hasta que en 1610 sufrió la expulsión de España, como todos los de su fe. Ricote le cuenta cómo viajó hacia tierras musulmanas, pero allí el recibimiento fue incluso peor, hasta que consiguió instalarse en Alemania; ahora ha vuelto disfrazado para recuperar a su familia y su dinero, pero descubre trágicamente que su mujer e hija, pese a ser católicas conversas, también han sido expulsadas a Argel. Más adelante, se descubre que el capitán de un bergantín corsario es, en realidad, una mujer: Ana Félix, la hija de Ricote, que ha regresado también para recuperar su familia y su tesoro. Se produce entonces la reconciliación entre padre e hija pero, aunque la justicia española se ofrece a solucionar la situación, en la novela no se vuelve a tratar esta historia, pues seguramente Cervantes comprendía que era demasiado idílico que España repatriara a estos dos musulmanes. Ambos capítulos nos muestran injusticias históricas de su época y, al mismo tiempo, la insuficiencia de don Quijote de ayudar a estas personas, la primera porque no lo necesita y los segundos porque no hay salvación posible para ellos.
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