El discurso literario

El discurso literario



El rasgo que distingue a la literatura del resto de discursos comunicativos es su focalización en la función poética, que domina a todas las demás. Por tanto, en el texto literario no importa tanto quién emite el mensaje, ni quién lo recibe, ni el contexto, ni la permanencia del canal, ni el sistema en que se codifica... Lo esencial reside en el mensaje: qué se nos dice y cómo. Por tanto, la literatura -y el arte en general- carece de función práctica, pues su objetivo principal no es informar, ni persuadir, ni venderse, ni agradar (pueden conseguirlo, pero como objetivo secundario). Recordad, como ejemplo, que un urinario expuesto en un museo es arte porque no sirve para otra cosa que fijar nuestra atención en él como mensaje, no como objeto útil.

La fuente - R. Mutt (probable pseudónimo de Elsa von Freytag)

Puesto que sus objetivos difieren del resto de discursos, la literatura se clasifica de forma diferente en tres categorías: lírica, dramática y épica (o narrativa).

· La lírica fue el primero en aparecer, ya que consiste en la expresión del yo, en cualquiera de sus formas. Representa el conflicto del individuo consigo mismo. Puede abordar cualquier tema, pero siempre se observará una fuerte presencia del sujeto lírico, que es el enunciador. En el poema A un olmo seco, de Antonio Machado, observamos que, a pesar de hablar de un árbol, en realidad está manifestando cómo se siente él.
·  El teatro nace después, al contraponer dos voces opuestas en un mismo poema, por lo que refleja la sociedad a través del diálogo. Representa el conflicto de los individuos en sociedad. Lo importante aquí consiste en escenificar un situación donde varias personas oponen intereses en conflicto y tratan de resolver esas tensiones. Por ejemplo, en el poema Letrilla burlesca (Galán y dama), de Francisco de Quevedo, el galán pretende conquistar el amor de la dama únicamente con entregarle su alma, a lo que ella lo rechaza por no tratarse de dinero ni de un bien material; por tanto, se parodia un problema social, un choque de intereses: el amor y el dinero.
· La épica germina en último lugar y lo que hace es oponer a un héroe o heroína frente al mundo, es decir: sus ideas se enfrentan a la realidad. Representa el conflicto del individuo contra el mundo, la realidad o la sociedad. Nace con los mitos y deriva en los cantares de gesta, por lo que suele narrar batallas o conquistas que, en el fondo, son metáforas de cómo el protagonista pretende imponer su visión al mundo o a la inversa. En el Romance de la doncella guerrera, anónimo, presenciamos cómo una noble se disfraza de hombre y les demuestra que la mujer no es en nada diferente a un varón y que es libre de actuar como le plazca.

Otra clasificación literaria, y que no debe ser confundida con las tres anteriores, es la que distingue la poesía de la prosa.
- El valor primordial de la poesía es el ritmo, razón por la cual podemos afirmar que todas las canciones son poemas, ya que se basan en la musicalidad. El ritmo puede obtenerse por muy diversos recursos: rima, métrica silábica (versos y estrofas), acentuación, elección de palabras sonoras, aliteraciones, repeticiones, estribillos, etc.
- En cambio, la prosa carece de ritmo y se centra en la sucesión de información, de modo que evita las repeticiones para seguir avanzando en el desarrollo de la historia o explicación. La manera más inmediata de reconocerla es la ausencia de versos y estrofas, sino que se estructura en líneas y párrafos, ordenados por temas y no por cuestiones rítmicas.

No obstante, estas categorizaciones no son estrictas, así que podemos encontrar textos que estén a caballo. Por ejemplo, las Noches lúgubres, de José Cadalso, constituyen una novelita muy breve donde el protagonista pretende enfrentarse a la sociedad y a la muerte (por tanto, épica), pero está escrita en forma de diálogos en los que se contrapone su opinión a la de otros individuos (así que también es dramática); sin embargo, toda ella refleja el sentir del individuo aislado y desamparado en dicha sociedad (además, lírica). Por otro lado, existen ejemplos de prosa poética, donde no hay versos ni estrofas pero es evidente que existe un fuerte ritmo y que las palabras han sido escogidas cuidadosamente para atrapar al lector con su musicalidad, como es el caso del Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj, de Julio Cortázar. Al contrario, también hay poesía en verso blanco o suelto, sin rima; lo encontramos en la Epístola a Boscán, de Garcilaso de la Vega, donde lo importante es desarrollar y explicar sus pensamientos, más que buscar el ritmo.


Comentaris