Cantar de mio Cid

Cantar de mio Cid

Enlace a la obra completa: Cantar del Mío Cid

· El personaje: la figura histórica que inspiró la leyenda, Rodrigo Díaz, nació en el pueblo de Vivar (Burgos) hacia 1043 e inició su vida de caballero a finales del reinado de Fernando I. Estuvo al servicio de uno de los hijos del monarca, Sancho II rey de León, y, después de su muerte, a Alfonso VI. Se casó con la noble leonesa Jimena Díaz, descendiente de los reyes leoneses. En 1081 salió exiliado tras una falsa acusación de robo y se ofreció al servicio de los reyes musulmanes de Zaragoza. En 1088 volvió del exilio a Castilla para derrotar más tarde al rey de Aragón y al conde de Barcelona hasta que en 1094 conquistó todo un reino, convirtiéndose en señor de Valencia.

· El autor: aunque se trate de una obra anónima, el análisis del texto conservado demuestra que pertenece a un autor culto, con conocimientos precisos del derecho vigente a fines del siglo XII y principios del XIII, y que conocía la zona aledaña a Burgos. En mayo de 1207 de la era cristiana, un abad que tan solo se identifica como Pedro terminó de copiar este manuscrito de casi cuatro mil versos, en el que aprovecha el explicit (conclusión) para pedir, según costumbre entre los amanuenses medievales, una dádiva: «quien escrivió este livro, dél[e] Dios paraíso. ¡Amén! Per Abbat le escrivió en el mes de mayo, en era de M e CC e XLV años», donde «escribir» equivale simplemente a «dejar por escrito», pero no se refiere a crear ni componer.

· La obra: es un cantar de gesta popularmente llamado Cantar o Poema de mio Cid y constituye la primera obra narrativa extensa de la literatura española en una lengua romance (en este caso, castellano medieval). Consta de 3.735 versos anisosilábicos que relatan hazañas heroicas inspiradas libremente en los últimos años de la vida del caballero castellano don Rodrigo Díaz de Vivar (desde el primer destierro en 1081 hasta su muerte en 1099). Junto a la lealtad, el tema principal es el honor, un valor de gran importancia para la gente de la época. La necesidad de recuperar la honra perdida es lo que da impulso a las hazañas acometidas por el héroe, pero esta se logra por medios casi inéditos en la poesía épica, pues el protagonista nunca se plantea adoptar las típicas medidas radicales, rebelándose contra el monarca y sus consejeros, sino que prefiere acatar la orden real y salir a territorio andalusí para ganarse allí el pan con el botín arrancado al enemigo, opción siempre considerada legítima en esa época. En cuanto a la afrenta de Corpes, la tradición épica exigía que una deshonra de ese tipo se resolviese mediante una sangrienta venganza personal, pero el Cid recurre a los procedimientos legales vigentes, una querella ante el rey por la vía del reto entre hidalgos. Se oponen de este modo los usos del viejo derecho feudal, la venganza privada que practican los de Carrión, con las novedades del nuevo derecho que surge a finales del siglo XII y a cuyas prácticas responde el uso del reto como forma de reparar la afrenta. Se opone así la alta nobleza, anquilosada en valores del pasado, y la baja, que se sitúa en la vanguardia de la renovación social.


· Características: la obra se inspira en rasgos históricos del personaje pero también en otros cantares extranjeros similares, como el Cantar de Roldán. Se compone de versos anisosilábicos o de medida variable, divididos por una cesura en dos hemistiquios, cada uno de los cuales oscila entre cuatro y once sílabas. Los versos se unen en tiradas que comparten la misma rima asonante y suelen tener cierta unidad temática. Estas tiradas se agrupan en tres partes mayores, llamadas también «cantares», que comprenden los versos 1-1084 (Cantar del destierro), 1085-2277 (Cantar de las bodas) y 2276-3730 (Cantar de la afrenta de Corpes), respectivamente. Este rasgo se liga a la difusión oral por boca de los juglares, que lo recitaban o cantaban de memoria, acompañándose a menudo de un instrumento musical; pero también responde a un efecto estético: el gusto por ver tratados los mismos temas de una misma forma. Por la misma razón adopta un estilo formular, es decir, el empleo de determinados clichés o epítetos épicos, por ejemplo en la descripción de batallas o bien para referirse a un personaje. Así, el Cid es llamado a menudo «el bueno de Vivar», «el que en buena hora nació» o «el de la luenga barba», mientras que a Minaya Álvar Fáñez se lo presenta varias veces en el fragor del combate con la fórmula «por el codo abajo la sangre goteando». Otros recursos estilísticos de los cantares de gesta son la gran alternancia y variedad de tiempos verbales; el uso de parejas de sinónimos, como «pequeñas son y de días chicas», y también de parejas inclusivas, como «moros y cristianos» (es decir, todo el mundo); o el empleo de frases físicas, al estilo de «llorar de los ojos» o «hablar de la boca», pleonasmos que subrayan el aspecto gestual de la acción. Asimismo, destaca por ser uno de los cantares de mayor realismo de la época, pues además de la ausencia de elementos fantásticos o sobrenaturales, el narrador incide en la importancia de las cantidades concretas, tanto cuando se habla de los botines conseguidos como al contabilizar el número de soldados que componen las huestes. Además, el Cid constituye un héroe moderno, pues se caracteriza sobre todo por su templanza.

 

Con el tiempo, estos largos cantares de gesta se fragmentaron en poemas más cortos que memorizaban y cantaban las personas de a pie: se llaman romances y muchos de ellos narran pasajes de la vida del Cid, tanto de su juventud como de su adultez y vejez. Aquí tenéis varios ejemplos crecopilados, cantados y musicalizados por Joaquín Díaz:


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